top of page

Tres hábitos de madres felices

A veces se nos olvida el valor tan grande que tenemos para nuestros hijos.


Entre el cansancio, las rutinas, los horarios, la comida, la casa, el trabajo y todos los roles que cargamos en la cabeza, podemos olvidar algo bien importante: para nuestros hijos, nuestra presencia pesa muchísimo. Tal cual somos.

No perfectas.

No siempre organizadas.

No siempre con todas las respuestas.

Pero presentes.


Recordemos que nuestros hijos nos miran más de lo que pensamos. Escuchan cómo hablamos, cómo reaccionamos, cómo nos tratamos a nosotras mismas y cómo enfrentamos los días difíciles. Muchas veces, sin darnos cuenta, nuestra voz se convierte en una parte importante de la voz interior que ellos van construyendo.


Por eso, recordemos también que una madre feliz no es la que tiene todo perfecto. No es la que nunca se cansa, ni la que siempre está de buen humor, ni la que llega a todo. Una madre feliz es una mujer que aprende a vivir aceptando su humanidad, su proceso y sus imperfecciones.


1- El primer hábito de una madre feliz es recordar su valor. Recordemos que

nuestra presencia importa. No solo por todo lo que hacemos, sino por lo que

representamos para nuestros hijos: seguridad, hogar, dirección y amor.


A veces pensamos que ellos necesitan una mamá que lo resuelva todo, cuando en realidad necesitan una mamá que sepa estar, escuchar y volver a empezar. Y

cuando recordamos lo importantes que somos para ellos, muchas cosas dejan

de tener tanto peso.

¡Abraza! ¡Abraza a tus hijos y no te canses ellos lo necesitan y tú también!


2- El segundo hábito es cuidar nuestra voz interior. Recordemos que es difícil

hablarles con paciencia a nuestros hijos si por dentro nos hablamos con dureza

todo el tiempo. Aprendamos a bajarle dos a la exigencia, a tratarnos con más

respeto y a recordarnos: “estoy aprendiendo”, “puedo pedir ayuda”, “no tengo

que hacerlo perfecto”.


3- El tercer hábito es crear rutinas pequeñas que nos den paz. No hablo de meterle más a nuestros días ni de baritas mágicas. Hablo de momentos simples que nos ayudan a redirigir nuestro GPS interior y, sobre todo, nuestra alma: para mí, la número 1 es hacer oración, un café en silencio, hacer ejercicios, una conversación con una buena amiga o buscar acostarnos con menos ruido en la cabeza.


¡Busca aquello que te de paz! Pero búscalo en tu interior para que así te

acompañe siempre.


Recordemos que ser una madre feliz es reconocer que estamos aprendiendo, que estamos haciendo lo mejor que podemos y que, cuando lo hacemos desde el amor no hay fallas aprendemos que nuevas formas de llegar.


¡Voy a ti mamá!

 
 
 

Comments


bottom of page