top of page

Quiero salir corriendo… y volver mejor

Quiero salir corriendo… y volver mejor


Hay días que amo cada segundo de ser mamá. Y hay días que quiero cinco minutos donde nadie me hable. No porque no ame a mis 4 hijos. No porque no agradezca mi familia. Sino porque hay días que de verdad NO QUIERO. No doy más.


Ser mamá es 24/7. No tiene pausa oficial. Y cuando llevamos días acumulando

cansancio, decisiones, responsabilidades… el cuerpo y el corazón empiezan a pedir espacio, a pedirnos un BREAK. No lo hacen en voz alta. Lo hacen bajito. En forma de irritabilidad. De respuestas cortas. De ganas de desaparecer cinco minutos.


Me acuerdo cuando era maestra y llegaba a casa muerta. Literalmente muerta.

Después de un día completo dando, explicando, conteniendo… y apenas cruzaba la puerta empezaba el segundo turno.


“Mami, dejé el bulto en la escuela.”

“Mami, no encuentro el zapato de soccer.”


Y yo mirando el reloj porque todavía había que salir corriendo a llevar a las nenas al ballet en SANTURCE. Todo junto. Todo al mismo tiempo. Y en esos momentos pensaba: “yo no debería sentirme así si amo tanto a mis hijos”.


Pero ahí entendí algo importante… amar y estar agotada pueden coexistir. No es falta de amor. Es exceso de carga.


Salir corriendo no siempre significa irte. A veces significa cerrar la puerta del baño y respirar profundo. A veces significa decir “ahora no puedo hablar” — mi favorita.


Me costó mucho tiempo aprenderla. Todavía estoy en entrenamiento. A veces significa caminar sola alrededor de la casa. A veces significa ir a Misa y sentarte en silencio.


A veces significa simplemente admitir: hoy estoy agotada.


El problema no es necesitar espacio. El problema es sentir culpa por necesitarlo.

Nos enseñaron que una buena mamá siempre puede. Siempre aguanta. Siempre

resuelve.


Pero una mamá que nunca se detiene empieza a reaccionar desde el

agotamiento. Y cuando reaccionamos cansadas, nuestra relación se debilita. No

porque no amemos, sino porque estamos drenadas.


He aprendido que cuidarme no es abandono. Es mantenimiento. Es reconocer que, si yo no recargo, mi paciencia se agota más rápido. Es entender que mis hijos necesitan una mamá presente, no una mamá exhausta intentando hacerlo todo sola.


Tomar un momento no te quita responsabilidad. Te devuelve claridad.


¡¡¡Ves todo diferente!!!


Te permite regresar con una voz más baja, con una mirada más suave, con

una respuesta menos impulsiva. Nuestros hijos no necesitan una mamá que nunca se cansa. Necesitan una mamá que sabe cuándo necesita parar y cómo hacerlo sin culpa.


Si hoy quisiste salir corriendo… TRANQULA. No estás fallando. Estás sintiendo. Y

sentir no es debilidad, es de mamás.


Tal vez no necesitas escapar. Tal vez necesitas parar. Y mañana, recomenzar.



 
 
 

Comments


bottom of page